Oscar Rivera

54. Cuento Nocturno I

(y ponemos "play" para la ambientación respectiva)

Nox Arcana - Nocturne

Mi mente estaba tan intranquila que al redactar aquel mensaje un 07 de noviembre de 2009, le había dejado bastantes faltas ortográficas. 
Era el puro ímpetu de expresar lo que yo veía, una fervorosa necesidad de contar, pero fervorosa para quien sino sólo mía, cómo si la razón se presentara con tal frenesí, que su sola llegada no permitía entender su mensaje. 
Mentes quietas y mentes inquietas, sucumbiría solo la mía mientras, como una seductora mano que me invitaba a viajar, por lo más profundo de mis recuerdos, de mis sin sabores, de mis resentimientos, de mi orgullo, del gran vacío que existía en mi corazón, de la ignorancia, del no saber, del aislarme, del pensar, del no entender, del asumir lo que es amar. 
Del arrebato nuevamente a no sucumbir en alguna idea absurda, del ego primero como se había hecho conmigo, de la importancia de mi ser sin importar nadie más… ¿para qué?. 
¿Quién si no soy yo quien debe preocuparse por mi? Eso es lógico, es lo normal, pero... también existen los "pecados" de omisión. Dejar de hacer a sabiendas, y yo... yo me entendía saber demasiado, inclusive que no era un peso que debía llevar en pesadillas cada noche.
Sería un engaño aferrarme a la idea de que regrese, de poder seguir viéndola, de tocar su corazón como antes; sería el pretexto el explicarle aquellas experiencias nocturnas, de conocido origen. Sería mi necesidad de verla una vez más. Serían mis puras razones, sin lograr palabras directas a lo sucedido, como quien quiere escuchar una historia con la sinceridad que hacen los amigos.
Mente que se mecía entre pensamientos de discordante tesitura, entre opuestos extremos balanceábanse sobre una aguja, giraban sobre ella, pesados pensamientos que sin llegar a una razón, ni punto medio que los ubique se enclavaban más y más, con su propio peso. Multiplicábanse los mismos y clavábanse todos cual espinas. No sabía que los pensamientos quemaban, al igual que pueden hacerlo los ojos, y estos a la vez mojar almohadas.
Pesadillas no invitadas, hiciéronse presentes bruscamente para incentivar aquello que venía siendo olvidado en la calma, en la correcta paz, en la ecuanimidad. Intentando olvidar como mi sexto sentido se había multiplicado a su lado, intentando entender cómo hacerle saber, preguntándome si era yo el único que entendía aquello, y así sería. 


Si viniera alguien de otro mundo dándote el conocimiento de la vida en su lengua, quizás tampoco lo entenderías, mirarías con algún tipo de admiración el hecho de su presencia y no de su mensaje.
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