Oscar Rivera
DON HUMBERTO
Don Humberto me dijo: “Comunícate con ella y dile que estoy bien, 
que no se preocupen,  y que les mando muchos saludos”. 
Le dije: no me creerían. “Hazlo! vas a ver”, aún así, insistí en que no, 
hasta que finalmente accedí a cambio de una señal, 
no quería ser desatinado… nuevamente. 
Le pedí "que la señal, sea algo que sólo ustedes sepan". 
¿Qué podría ser se preguntaba?
 Dile que la casa se pone bastante pesada a las 3. 
Que esa es la señal e insistía que me contacte con ella.


Es el último día del onceavo mes de este año y he despertado algo confundido, mucho más temprano que de costumbre y no recuerdo con precisión el encargo, si era decírselo a las 3, en ese caso ¿a quiénes 3? ó decirle que: “la casa se pone bastante pesada a las 3pm”.

Conversar con Don Humberto cada noche era muy entretenido, un hombre inteligente que a su edad su lucidez sería envidia de muchos contemporáneos, hecho que aún era reconocido por sus clientes que constantemente lo llamaban para pedirle consejos.

Al comienzo cuando recién frecuentaba su casa, soltaba comentarios un tanto ensimismados sobre el hecho de que quería mudarse, o irse a vivir a otro lado, a otra ciudad, como queriendo alejarse de su casa, dejar todo, cambiar de aires, y lo decía sin reparar en quienes lo escuchaban, obviamente que luego entendí que lo decía con el propósito de ser escuchado tal cual lo expresaba, luego me explicó los detalles.

La experiencia, la poca que yo llevaba con mis años comparados con los de Don Humberto, me enseñó alguna vez a afirmar alguna pregunta curiosa de mi amigo Freddy Vracko, quien a su vez la había aprendido de su tío y nuestro jefe, Miguel González Del Río: 

“¿Entre quienes se dan las conversaciones más largas? ¿Entre dos jóvenes, entres 2 viejos o entre un joven y un viejo?”

Las conversaciones más interesantes y prolongadas se dan entre una persona bastante mayor y experimentada, con una persona joven y con un camino por recorrer.

Dos jóvenes concluyen sus temas con el consenso de ideas, algunas veces poco experimentadas y acertadas, mientras que dos ancianos pueden buscar el consenso en aquellos recuerdos del pasado y hechos que ya pasaron y que quedaran como tal.

Que un joven y un viejo pueden debatir y compartir ideas, el uno tratará de enseñar mientras que el otro tratará de darle otros puntos de vista; ergo el uno tratará de aprender, mientras que el otro podrá ver algunas innovaciones e ideas frescas; esas son las conversaciones más largas.

En Don Humberto encontré un gran amigo, con él compartíamos mutuamente conversaciones amenas de todo tipo, historias de fantasmas, historias de tipo legal, historias de su experiencia como contador, historias de las más jocosas con toda la familia presente, historias en ausencia de su familia, que con la confidencia de un amigo sabré callar puesto que me lo había referido como tal. De alguna manera aquella información ampliaba mi concepto de análisis en muchas cosas.

Así poco a poco empecé a entender a un algunas veces cansado, silencioso y observador hombre de edad, que poco a poco se mostró continuamente como un alegre y comunicativo amigo.

Nos hacíamos compañía mutua en determinados momentos, empecé a valorar mucho sus consejos. Sentarme a escuchar todas sus historias, me hacía recordar algunas veces cuando de joven escuchaba a mi padre, inclusive a sus amigos en los almuerzos que se realizaban en casa, así yo escuchaba y absorbía lo más que podía de su experiencia.

Compartíamos la misma afición a la música, cantantes líricos, las técnicas de impostación vocal, algunas canciones clásicas, así como algunos temas de artistas más populares que se han convertido en íconos ya sea Frank Sinatra, Glen Miller entre otros. Comentaba alguna vez que algunas veces ha recibido buenos halagos de quienes lo habían escuchado cantar, pues tenía una gran potencia de voz, y mucha gente admiraba su don. Le decían que debería explotarlo o dedicarse al canto, pero él lo hacía por el gusto de sentirse bien y en ese sentido podía entenderlo totalmente.

La última de nuestras conversaciones versó entre varios temas, algunos legales, un halago de parte suya de aquella vez que me escuchó cantar. Otros temas versarían sobre la búsqueda de razones lógicas sobre repentinos cambios y el origen de otros extraños presentimientos.

Algún consejo suyo, me refería al paso del tiempo y cosas de juventud. La conversación concluía con alguna información de primera noticia para él, pues conociendo a su reservada nieta, era lógico que el concluyese diciendo: “…ah mira tú, yo no sabía que habían hecho tantos planes…ah caray!”. Y esa fue la última vez que nos vimos, nos despedimos con un abrazo.

Sea como sea, hoy desperté con dudas sobre mandar aquellos saludos a su familia. ¿Por qué tendría que ser yo? Medité sobre el tomar el teléfono en algún momento del día, llamar a aquel número de celular al cual no llamaba hace tiempo, además ya lo había olvidado, pero Don Humberto se encargó de que lo tenga presente con claridad para primera hora de la mañana, pues me lo había repetido 3 veces durante la noche.

Finalmente luego de algunas horas, en el transcurso de la mañana decidí que no llamaría. La decisión se basaba en 2 razones, por un lado el consejo que me dio hace un año atrás DRAM (que me aleje de ellos); y por otro lado debía poner los pies en la tierra de no caer en el error de la impertinencia nuevamente sólo por un sueño.

Don Humberto falleció en algún mes del año 2010, lo sé muy bien por un sueño premonitorio que tuve hace mucho, aunque en su momento no supe que se trataba de él.

No pensé publicar un capítulo sólo para él, hasta hoy martes 30 de noviembre de 2010. Espero que tu encargo llegue a su destino. ¡Qué descanses mi amigo!
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