Oscar Rivera
En 1995 ingresé a la facultad de Derecho de la Universidad de San Martin de Porres, como es tradición a los cachimbos (recién ingresados), se les rapa la cabeza, eso generalmente lo hacen los amigos que te acompañan a ver la lista de resultados de ingresantes, en mi caso fue en la casa de Ricardo Sousa uno de mis mejores amigos del Colegio, nunca estudiamos en el mismo salón pero siempre nos frecuentamos, y fue por su sugerencia que accedí a dar el examen de admisión, a esta universidad, ya que me estaba preparando para otra, Finalmente ingresamos juntos a la carrera de derecho, para "variar" en todos los años de carrera nunca estudiamos en el mismo salón.
En la algarabía nocturna entre algunas bebidas espirituosas y en medio de la celebración el hermano de Ricardo sacó las tijeras, y poco a poco después de unos "ajos y cebollas" fuimos cediendo al ritual de complejo de peluqueros que nuestros amigos ansiaban realizar para proceder al "cambio de look" respectivo.

Con el inicio de las clases , un muchacho de contextura delgada de rasgos faciales un tanto finos como solían decir y el cabello trinchudo que recién se asomaba apenas unos centímetros de la cabellera, se iba adaptando y muy bien al nuevo grupo de amigos del salón.
No obstante de participar de un grupo divertido, me daba abasto para poder conocer y entender a todos los tipos de grupos sociales que formaban parte de ese colectivo universitario que había ingresado ese año. Con esta inquietud traída desde épocas colegiales, para mitad de año ya conocía estudiantes de todos los años.

Fue en una de los primeras semanas de las clases de primer año, donde el grupito chacotero ya acostumbraba a poner "chapas" (sobrenombres), y de entre los que más querían destacarse por bautizadores teníamos a: Jhonatan Santos y Manuel Silva, este último que egresó un par de años antes que yo del colegio tenía un conocido pasado no muy grato para varios profesores de nuestro querido Colegio Champagnat de Miraflores.

Las clases tenían un promedio de 2 horas de duración y en el intercambio de clases, uno tenía que darse abasto de: estirar las piernas para no adormecer el cuerpo, ingerir algo para distraer el estómago, o ir al baño para no interrumpir las clases. Siendo que la cafetería o las pequeñas tiendas proveedoras de galletas y bebidas estaban en el primer piso y uno se encontraba en el quinto, hizo que varios desarrolláramos algo de físico al subir y bajar escaleras todos los días. En el caso de otros compañeros aumentó el sedentarismo fruto de la flojera.

Víctima de un mal cálculo, y regresando de subir las escaleras, previa pasada por los servicios higiénicos tratando de peinarme Dios sabe que! ya que no había nada que peinar, trataba de acomodar lo poco o nada de cabello mojándolo con agua en un intento inútil de lograr que se acomode algo. Bueno logré que se me quedé mojado y parado.
- en fin, ya crecerá- me decía

Voy rápidamente hacia el salón, me percaté que ya habían entrado todos a la clase de Literatura, con la Dra. Flor de María Shimomura. Aprovechando el pequeño tiempo que daba mientras los alumnos guardaban silencio y se apresuaraba a tomar la lista, aproveché para entrar sigilosamente al aula, cuya puerta de ingreso se encontraba en la parte delantera y exactamente frente al escritorio de la profesora.
- Con un gentil saludo tratando de que excuse esa desatinada tardanza, y a la vez intentando pasar desapercibido, interrumpe una voz chacotera mientras me encontraba aún desplazándome frente a la pizarra del aula.
- Oye ese parece uno de esos pajaritos recién salidos del cascarón con los pelos parados!-Excalamaba con voz fuerte Jhonatan Santos
A lo que todo el salón correspondió en un solo de carcajadas, mientras la Dra. Shimomura esbozaba una sonrisa, la cual tuvo que esconder para lograr la calma estudiantil.

Así fue como desde ese momento me conocieron en la universidad como pajarito, sobrenombre que para efectos de la mercadotecnia universitaria fue más eficaz que mi propio nombre, usándolo así para ampliar mi red social o las fiestas que realizaba. De modo que antes de que se masifiquen las redes sociales de internet yo ya tenía mi "nickname"Menos mal que no se le ocurrió a nadie relacionarme con un mono, sino creo que eso hubiese sido algo más risible que recordable.

Ese primer año nos marcó a todos, claro era nuestro primer paso de la inmadurez a la adultez, aunque para ser sinceros, es todo un proceso ya que muchas costumbres escolares son arrastradas, todos eramos aún inmaduros, y habían quienes aprovechaban esa etapa para desvincularse de algún vergonzoso pasado que los puediera marcar durante el resto de su carrera unviersitaria.

Recuerdo alguna vez que un grupo de amigos empezó a preguntarle a mi amigo Erick, también compañero de colegio y algunas veces de salón.
-Oye! ¿verdad que tú en el colegio, eras lorna?. Eso es lo que me han dicho.
Esas preguntas fueron reiterativas durante algunos días.
Uno de esos días cuando me disponía ir a casa, veo a un grupo de amigos comentando el mismo tema con él sindicado y me lanzan la pregunta
- Oye verdad que en el colegio Erick era lorna si o no?
Mentalmente hice un recuento de los hechos y recordaba que en 4to de media (11avo año) Francisco Cuellar con su exagerado animus iocandi,(animo de jugar), lo agobiaba más de la cuenta, e iba realizando un conteo mental de lo sucedido hasta que recordé algo que podía ir en su favor, obviando el contexto de como sucedió y que quien solía molestarlo no podía moverse mucho tras recuperarse de haber estado convaleciente.

Miré a Erick menos de un segundo y atiné a decir:
- Eso no es del todo cierto, había un copañero que solía molestarlo continuamente en el salón, hasta que un día Erick le dió un puñete y lo dejó tranquilo y nunca más lo molestó.
Esa fue mi versión de los hechos y eso debería bastarles.

Muchos sino todos aún arrrastraban esa inmadurez traída del colegio, ¿eras lorna? ¡¿o eras lorna? ¿eras popular?, en fin.
Con esa simple referencia y sin entrar en más detalles, me despedí de ellos continuando con mi camino. Salvaguardé la integridad de Erick y su futura reputación en la universidad, tanto así, que él también se creyó el cuento. Mentira si Pancho Cuellar y Erick el chino Caso se molestaban mutuamente.

(Esta foto es un recuerdo de finales de siglo XX, mejor dicho del año 1993- 4to de media Colegio Champagnat, Maristas de Miraflores-Lima-Perú-Sudamérica-Tercer Planeta- Sistema Solar- Vía Láctea Universo)
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